2 de agosto de 2010

Amor es...

...Control egoísta.

Hace un tiempo conversaba con un buen amigo. Entre tonteras surge un tema bastante interesante, y finalmente se llega a la iluminación; ese momento en el que todo parece claro.

El amor, tan lindo y esponjoso, no es más que un control egoísta.

El amor es control. Desde el inicio deseas con todas tus fuerzas que aquella persona, predispuesta por milenios a tener más de una pareja, se conforme con aquello que puedas entregarle, que sabemos bien, no es todo lo que necesita. Realismo es simplemente dejar de adornar. Pase lo que pase, quieres que esa persona esté contigo, y al mismo tiempo, demandas espacio.
El amor es egoísta, pues es poco lo que realmente puedes entregar. Todo aquello que uno planea dar es simplemente aquello que tu crees es bueno. Nunca podrás darle a alguien todo lo que necesita, y si lo intentas, terminarás con el frívolo sentimiento de que tú has dado más, y el amor acabará.

¿Amor incondicional? Ficción. Aún la persona más leal, etiquetada de loca, sadista, simple tonta, que se queda luego de una falta gravísima, violencia, engaño, no practica amor incondicional. Cabe pensar, ¿dejarías a tu amor si te golpease? ¿dejarías a tu amor si te engañase? ¿con un familiar? ¿si fuera asesino? ¿pedófilo? El amor incondicional es una utopía que sólo funciona bien en tu cabeza. Tal vez incluso dejarías a tu amor si no recordara una fecha banal.

¿Por qué existe tal emoción? Es un químico. Somos primates. Los monos tienen cola; somos primates. Torpes, blandos. Ni garras, ni dientes, ni fuerza, ni agilidad. Nos refugiábamos en grupos esperando lo peor. El sentir amor ocurre por compatibilidad inmunológica. Los sistemas inmunes son parecidos, y eso provoca que las feronomas de una persona sean atractivas para otra. El amor libera hormonas. Modifican patrones y costumbres; partes del cerebro. Apagan el sector encargado de la crítica visual, y tu pareja se ve perfecta. Todo para asegurar un buen tiempo en el que no se querrán separar, suficiente para procrear un hijo y criarlo unos años, antes de que sea tiempo de separarse y volver a lo mismo con alguien distinto. Los sistemas inmunes similares hacen criaturas fuertes.

¿Áspero? Así es la racionalidad. Somos animales glorificados. Nos nutrimos del éxito de unos pocos, que lograron acomodar este hostil mundo para nuestro bien, pero seguimos siendo la tribu de primates asustadizos. Seguimos siendo la colmena de trabajadores y reinas. Es un triste día para nacer.

Y así el amor es. Así veo que el amor es, y no será difícil para otros creer.


Y si tan así es, ¿por qué yo no te puedo olvidar?

15 de julio de 2010

Historias de terror modernas



Hace tiempo que no siento ese nerviosismo casi infantil al leer una historia de terror. Por mis años de vida han pasado algunos en lo que si he sentido ese maldito terror clavado en los huesos, mutilando mis pensamientos y dejándome ciego mientras observo fijamente la oscuridad. Pero uno crece, y tu mente se va adaptando. Atrás quedan siempre esos sentimientos, aquellos donde sentías que el más mínimo movimiento podría desencadenar la bestia que sólo tu mente podía imaginar. No hay creador más bizarro y malintencionado que la imaginación propia.

Así los tiempos cambian, pero no necesariamente nosotros. Siempre seguiremos siendo esos asustadizos niños, abrazados a un pensamiento feliz intentando apagar las sombras que nos envolvían en medio de la noche. ¿Cuál sería la diferencia, ahora que ya no nos importa? Ya no nos incierta la desconocido; ya no nos incierta aquello que no vemos, pues la imaginación ya no es la que solía ser. Como un veterano de guerra, sus días de gloria y combate han perecido, y con ellos, su espíritu. Nuestra imaginación se sienta ahí, esperando el día en que tenga algo que hacer; el día que volverá a correr libre, inventando esas torcidas razones que te paralizarán tu cuerpo, devolviéndole una vez más el control de tu cuerpo.

No esperes más, imaginación. Yo también quiero volver. Yo también quiero tomar forma frente a los ojos de este lector. Te he tendido una mano, una que sólo un viejo amigo puede darte. Mientras tu compañero de carne leía estas palabras, ya me he escabullido a aquel lugar que sólo tu recuerdas; aquél del que emanaban las historias que contabas. Si, tus ojos te engañaron. Fijos es esta materia, me han dejado pasar inadvertido junto a ti. Tal vez aquellos amplios de mente pudieron divisar más una parte de lo que pronto verán a pleno, pero deberás esperar. No falta mucho.

Prepárate, hoy sentirás ese terror que nunca quisiste sentir de nuevo. Tal vez esto te enseñe a cerrar las puertas.

Cargandoooooooo...